BIBLIOTECA DE MONTSERRAT

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viernes, 14 de febrero de 2014

Ascensión


EL SECUESTRO

Entró rápida, con un montón de vestidos en el brazo derecho, a la vez que  con el izquierdo empujaba un carrito en el que un bebé berreaba a pleno pulmón.

_¡Señora, señora! No puede pasar más de tres prendas al probador.

_Disculpe, ¿puede vigilar un momentito a mi nieto?

La chica, haciendo un gesto afirmativo con la cabeza, continuó colocando prendas en el perchero que había a sus espaldas.

Apenas habían pasado unos minutos cuando los gritos le hicieron girarse.

_¡Mi nieto,  han secuestrado a mi nieto! ¡llame a la policía! ¡llame a la policía!

Todo había sucedido tan rápidamente que ni se había enterado del repentino silencio.

La encargada  llamó a los empleados de seguridad; mientras trataba de tranquilizar a la mujer, estos recorrieron todos y cada uno de los probadores.

_¡Vengan, vengan aquí! –gritó uno de los hombres desde el fondo del pasillo.

Con su carita redonda de color púrpura y con la boca cerrada con cinta de embalar, en el último y de cara al espejo estaba el bebé en su carrito.

_¡Salvajes! ¡Salvajes! ­­­_gritaba entre llantos la abuela

La carta: despedida.


LA CARTA: DESPEDIDA.

Toda experiencia tiene su recorrido. Un principio y un fin. La nuestra ha terminado. Sin dolor. Por agotamiento.

Recuerdo cuando nos conocimos, yo estaba expectante, llena de imágenes de futuro inmediato, con un punto de incredulidad. Cuando nos separábamos, solo podía pensar en ti, cómo estarías en mi ausencia, deseando que llegase el día siguiente para verte de nuevo; entonces te observaba  detenidamente, comprobando que todo estaba bien.

Nada ni nadie hará que olvide los momentos que pasamos juntos, sobre todo los viajes: cuando fuimos de Riopar a Alcaraz, por aquellas carreteras de montaña bordeadas de barrancos cubiertos de helechos; o cuando fuimos a Las Alpujarras y queríamos subir al refugio budista y tuviste que quedarte en el camino, la edad ya te había tocado el corazón y no podías llegar.

El tiempo nos marca, las experiencias nos redibujan el aspecto, arrugas y cicatrices que establecen una biografía paralela, cerrando pasados y abriendo otros futuros.

Aún me duele las veces que desapareciste, sin que yo supiera el cómo ni el porqué, dónde estabas, qué había pasado. Las noches se me hacían interminables: ¿qué haría yo sin ti? Mi rutina quedaba destrozada por tu ausencia.  Y la alegría de encontrarte de nuevo, sin esperarlo, recompensaba con creces mi ansiedad nocturna.

No te olvido, ni te dejo abandonado a un azaroso destino.  Me despido de ti con cierta nostalgia del tiempo en común. Pero te confío a buenas manos: mi amiga Dolores, aunque tiene el carnet de conducir hace poco, es muy cuidadosa. Cuidará de ti como yo, o mejor. Es que me han ofrecido un Renault Megane a muy buen precio, lo entiendes ¿verdad?.

domingo, 9 de febrero de 2014

SEGUNDA PROPUESTA: SECUESTRADO

AUTORA: MARIAM VICENTE



           Amanece. El solitario parque mantiene húmedo el relente de la noche. Los árboles se mecen a merced de una suave brisa y la bruma los envuelve dando al ambiente un aspecto fantasmagórico. Los pájaros más madrugadores ya entonan sus cantos mientras revolotean sin cesar.
            Un corredor aparece a lo lejos dando zancadas sobre el arenoso camino que serpentea entre los arbustos de boj. Lleva auriculares en las orejas y mira repetidamente su reloj de pulsera. Un perro de raza indefinida y color canela trota a su lado.
            En esos momentos, en un claro del parque, un aleteo casi imperceptible mueve las hojas de los chopos. El primer rayo de sol arranca un destello brillante de una superficie lisa como un cristal y a la vez negra como el azabache.
            La singular pareja se acerca por el sendero. Al doblar un recodo, el animal se detiene y lanza un agudo ladrido. El hombre no lo oye, sigue llevando los cascos y mantiene su paso.
            A pocos metros, el objeto se mueve entre las sombras, tiene forma ovoide y levita a un metro del suelo, silenciosamente. En ese instante se oye un fuerte chirrido metálico, el perro vuelve a ladrar, el corredor levanta la vista, los pájaros enmudecen y las hojas de los árboles se mueven como agitadas por un vendaval.
            De pronto el remolino se calma. Las ramas vuelven a su baile suave al compás de la brisa, las aves vuelven a entonar su canto y el sol se alza en el cielo. Allá, entre las nubes, se adivina un centelleo. En el solitario sendero, el perro color canela aúlla como un lobo lastimero junto a unos auriculares y una zapatilla blanca.

PRIMERA PROPUESTA: LA VERDAD SOBRE EL CASO DEL COCHE DEL MINISTRO

AUTORA: MARIAM VICENTE



           Las nueve de la noche en casa de la familia Pérez. Mientras cenan, la sintonía del telediario inunda la estancia. Un poco de política internacional y economía, la ola de frío y luego el apartado de sucesos. El locutor pone énfasis en algo tremendo acaecido esa misma tarde, posiblemente un atentado terrorista o quizá una venganza del líder de la oposición, todas las hipótesis quedan abiertas para intentar explicar lo ocurrido al coche del ministro, que aparece en pantalla con los restos de una explosión reflejados en su chasis y el paragolpes trasero colgando.
            La madre sigue prestando atención a lo que queda en su plato, el padre dice que ese indeseable ya ha recibido lo que se merecía, y Dani se muerde el labio inferior.
            Aún recuerda la escena de unos días atrás. Misma hora, mismo menú y mismo locutor. Esa vez daba la noticia del nuevo vehículo que había adquirido el ministro de economía. Era primicia porque de dicho modelo sólo se habían fabricado diez y el que mostraban iba a ser el único que trajeran a España. Deportivo, rojo, flamante, y carísimo.
            La madre miró al plato, el padre dijo que siempre habría clases, y Dani se mordió el labio para no explotar, pero con la sangre hirviendo en las venas de sus dieciséis años y el convencimiento de que era una injusticia que su padre que trabajaba doce horas diarias sólo pudiera permitirse mantener a duras penas un coche que ya rondaba los veinte años y que llevaba el paragolpes sujeto con un alambre.
            Con estas ideas bullendo en su cabeza, al cabo de pocos días, mientras espera a un colega en una calleja solitaria de su barrio para ir a jugar un partido de fútbol, Dani ve aparecer el coche de la tele. Majestuoso se detiene delante de un hotelucho, impecable e imposible en medio de la realidad que le rodeaba. Mira a todos lados, esperando ver a continuación la retahíla de coches negros de escolta que siempre acompañan al dueño de ese coche, pero no es así. La calleja permanece en silencio en cuanto el rugido del vehículo enmudece. No obstante, del mismo se apean un chico joven, apenas mayor que él mismo, y una chavala de falda minúscula que besuquea sin cesar al mozo. Ríen, se cogen de la cintura como si no existiera nadie más en el mundo, y sin percatarse de la presencia del observador, se meten en el hotel.
            Dani duda entonces de que el coche sea el que ha visto en las noticias. Evidentemente, ese chico no es el ministro. Se acerca con cuidado, pero inmediatamente sale de dudas. El emblema que campa sobre el capó, el color rojo, los dos tubos de escape... Es él. Lo rodea dos veces, lo anhela y desprecia a partes iguales. En ese momento una media sonrisa surca su cara...
            Mientras el locutor vuelve a hacer alusión a unos posibles terroristas o a las diferencias políticas del momento, Dani ve nuevamente la calle solitaria, las piedras que depositó con cuidado obstruyendo los tubos de escape y la cuerda que ató al paragolpes trasero sujetándolo a la boca de incendios. El joven que salía del hotel al cabo de poco tiempo y se despedía de la chica con un beso de tornillo, y el acelerón con el que intentó salir zumbando. El motor echando humo, el paragolpes por tierra y la boca de incendios soltando agua como un surtidor improvisado. <<Mi padre me mata, mi padre me mata>>,  repetía el chico mientras se echaba las manos a la cabeza. Cinco segundos después salía corriendo para desaparecer por la siguiente esquina.
            Dani recuerda que aparecieron bomberos y policía, y a su amigo que en ese momento salía de casa.
            -¿Qué ha ocurrido? -preguntó éste asombrado al ver el despliegue.
            -No sé, un coche que ha empezado a arder -repuso él indiferente-.  ¿Vamos al partido?
            Y esta noche, termina su cena convencido de que el coche del ministro y el de su padre ahora mismo se parecen mucho.
           

jueves, 6 de febrero de 2014

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