BIBLIOTECA DE MONTSERRAT

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lunes, 14 de julio de 2014

ENTREVISTA EN ONDA CERO


Escucha la entrevista promocional emitida por Onda Cero el pasado día 10 de julio de 2014, con ocasión de la presentación del libro "Cuentos entre Palmeras".

Intervienen: Paco Trigueros, responsable de la librería Ali i Truc; Maribel Romero Soler, coordinadora del libro; y Tes Teresa Sepulcre, autora de dos de los relatos.

Entrevistador: José Martinez.

PARA ESCUCHAR AQUÍ

viernes, 4 de julio de 2014

CUENTOS ENTRE PALMERAS. PRÓXIMA PRESENTACIÓN

Los talleres literarios celebrados en librería Ali i Truc han dado su fruto. CUENTOS ENTRE PALMERAS es el libro nacido de esta aventura, y ocho participantes de los talleres son sus autores.

La presentación será el próximo jueves, 10 de julio, a las 20.15 horas, en la librería Ali i Truc, el mismo espacio que reunió a un buen grupo de amigos para disfrutar con la creación literaria. 

Ocho autores y dieciséis relatos imprescindibles.


¡No faltéis a la presentación!


sábado, 22 de marzo de 2014


LADY GAMBA
A Lady Gamba no le gustan los gatos. Llevo muchos años a su lado y me he enterado hoy, cuando le he sugerido la presencia de algún animal de compañía en el reportaje que íbamos a realizar en su casa. Se ha mostrado aterrorizada y a punto de un ataque de ansiedad. No ha habido  manera de que me cuente el origen de semejante pánico.
Yo había llevado un precioso y elegante gato Mau egipcio, que permanecía en su transportin mientras trataba de convencerla:
—La presencia de animales de compañía nos hace más humanos y próximos a nuestros semejantes; eso haría que tus fans te apreciasen más, se sintieran más cercanos a tí; los gatos eran sagrados en el Egipto antiguo y teniendo en cuenta la estética de tu casa, tan llena de símbolos de aquella época, es lo más adecuado  —No pareció convencida con mis argumentos.
Aunque haciendo un repaso de toda la parafernalia de la decoración era verdad que Sekmet, la diosa gata, no figuraba por ningún sitio.
__ Traéme uno de esos chuchos pequeños, de esos que les ponen un lazo en la cabeza, __me dijo__ y si puede ser de pelo blanco, mejor; así hará juego con el color del sofá.
__No hay yorkshires de pelo blanco, además, si fuese blanco sería invisible: tu sofá es blanco. No tardarán en venir de la revista, no voy a tener tiempo de ir a alquilar uno.
Se levantó del sofá dando por zanjada la conversación. Conmigo no solía negociar, solo ordenar. Pero la conocía desde hacía mucho tiempo, y había vivido con ella situaciones tan diferentes que ya no solían asombrarme sus reacciones intempestivas y, a menudo, coléricas. La veía sola,  frágil , huérfana de afectos y referencias, y solo me producía una inmensa ternura.
No fue fácil  convencer a la señora para que me dejara su preciosa yorkshire, con un lacito rosa entre las orejas, me costó tiempo, doscientos euros y consentir su presencia durante  la sesión fotográfica: su perrita se podía estresar. Hube de esperar a que completase su paseo pues acababa de salir a la calle.
Cuando regresé, todo el equipo estaba en la puerta. Nadie les había abierto. No me extrañó demasiado; caprichosa y neurótica, cuando se le torcían los planes era de temer por lo imprevisible de sus reacciones. Estaría encerrada en su estudio, con la música a todo volumen, o gritando ante un espejo.
Entramos todos, incluida la perrita que pareció estremecerse y lo primero que hizo fue orinarse sobre la preciosa alfombra atigrada del hall. Un denso silencio reinaba en la casa. Lady Gamba no estaba en el salón. Ni en el estudio. Ni en su dormitorio. ¿Se habría marchado? No parecía posible. Un rastro de sangre en la cocina nos alarmó a todos. Y allí estaba el gato,  bajo la mesa, relamiéndose y limpiándose las garras  junto a los restos de lo que parecía un marisco enorme.
Estaba claro: a Lady Gamba no le gustaban los gatos, pero a los gatos sí les gustan las gambas.

Ocurrió en Moscú.

Había quedado con Gregor en la Plaza Lubianka. Quería entregarme la correspondencia que mi abuelo había mantenido con Joaquín, comunista hasta el final, soviético hasta la médula y estalinista convencido.  Toda la familia quería recuperar las «reliquias» del abuelo que, cuando enviudó, había decidido volver a su querida Rusia; si la situación le decepcionó, nunca nos lo dijo.

Había ido en metro hasta allí, y la verdad, un poco engañada por esas imágenes de internet, esos murales de realismo socialista rodeados de orlas neoclásicas, en Lubianka , ni un grafitti, parecía un mausoleo : largos y fríos pasillos, en los que se perdía la vista; eso sí, no olía a orines ni a humedad podrida como el metro de Madrid. En la desangelada plaza corría un ligero viento que podía cortar hasta las ideas. El camarada y amigo del abuelo tardaba, así que allí estaba yo, frente al antiguo edificio de la KGB, entretenida en contar las ventanas para no morirme de aburrimiento; la plaza Roja estaba cerca y tal vez hubiese estado mejor esperar allí, pero él alegó que había demasiados turistas.

Por fin apareció arrastrando  una tróller de pequeño tamaño. Él resultó algo  más mayor que en la foto que nos había enviado.

--Tal vez debiera haberte invitado a tomar un té en casa; pero desde que falleció César, no me siento con ánimo de nada —dijo bajando los ojos—. Éramos pareja, no sé si tu abuelo os habría dicho algo al respecto.

--No, la verdad es que no; apenas manteníamos contacto con él. Nos consideraba pequeñoburgueses,  reaccionarios; a veces, hasta nos había llamado fascistas. Le escribía más a Joaquín que a nosotros.

La noticia de la homosexualidad de mi abuelo me dejó helada. A menudo había expresado su rechazo llamándolos «invertidos», «viciosos» y lindezas por el estilo. Gregor se quedó en silencio, había captado mi sorpresa y no sabía qué hacer. Optó por despedirse, de manera tímida y un tanto torpe, extendió la mano deseándome  buen viaje de regreso.

Durante unos segundos permanecí quieta, junto a la maleta, mirando como  la pareja de mi abuelo desaparecía entre la anónima multitud que era engullida por la boca del metro.

Cuando me giré, la maleta había desaparecido. Miré en todas direcciones tratando de localizarla , o un policía. No tenía ni idea de ruso, Gregor había desaparecido, y lo único que podía hacer era ir al edificio de la FSB, que estaba al frente, a lo mejor tenía suerte y entre tanto agente secreto que habría allí, alguno  me entendía. 

Apenas había llegado a la puerta del edificio cuando un enorme estruendo me paralizó. La plaza tembló ligeramente, y nubes de polvo y humo salían por la entrada al metro. La gente corría en todas direcciones; en segundos, la plaza fue un hervidero de coches de policía, ambulancias, bomberos.  Parecía ser un atentado. Viudas negras caucasianas, me enteré después.

Me fui hacia la Plaza Roja, y decidí coger un taxi de regreso al hotel. Nunca sabría qué decía el abuelo en sus cartas, y la familia nunca se enteraría de su otra historia, no sería yo quien se la contara. Los héroes lo  son porque se ignoran sus debilidades.

 Chon

viernes, 14 de febrero de 2014

Ascensión


EL SECUESTRO

Entró rápida, con un montón de vestidos en el brazo derecho, a la vez que  con el izquierdo empujaba un carrito en el que un bebé berreaba a pleno pulmón.

_¡Señora, señora! No puede pasar más de tres prendas al probador.

_Disculpe, ¿puede vigilar un momentito a mi nieto?

La chica, haciendo un gesto afirmativo con la cabeza, continuó colocando prendas en el perchero que había a sus espaldas.

Apenas habían pasado unos minutos cuando los gritos le hicieron girarse.

_¡Mi nieto,  han secuestrado a mi nieto! ¡llame a la policía! ¡llame a la policía!

Todo había sucedido tan rápidamente que ni se había enterado del repentino silencio.

La encargada  llamó a los empleados de seguridad; mientras trataba de tranquilizar a la mujer, estos recorrieron todos y cada uno de los probadores.

_¡Vengan, vengan aquí! –gritó uno de los hombres desde el fondo del pasillo.

Con su carita redonda de color púrpura y con la boca cerrada con cinta de embalar, en el último y de cara al espejo estaba el bebé en su carrito.

_¡Salvajes! ¡Salvajes! ­­­_gritaba entre llantos la abuela

La carta: despedida.


LA CARTA: DESPEDIDA.

Toda experiencia tiene su recorrido. Un principio y un fin. La nuestra ha terminado. Sin dolor. Por agotamiento.

Recuerdo cuando nos conocimos, yo estaba expectante, llena de imágenes de futuro inmediato, con un punto de incredulidad. Cuando nos separábamos, solo podía pensar en ti, cómo estarías en mi ausencia, deseando que llegase el día siguiente para verte de nuevo; entonces te observaba  detenidamente, comprobando que todo estaba bien.

Nada ni nadie hará que olvide los momentos que pasamos juntos, sobre todo los viajes: cuando fuimos de Riopar a Alcaraz, por aquellas carreteras de montaña bordeadas de barrancos cubiertos de helechos; o cuando fuimos a Las Alpujarras y queríamos subir al refugio budista y tuviste que quedarte en el camino, la edad ya te había tocado el corazón y no podías llegar.

El tiempo nos marca, las experiencias nos redibujan el aspecto, arrugas y cicatrices que establecen una biografía paralela, cerrando pasados y abriendo otros futuros.

Aún me duele las veces que desapareciste, sin que yo supiera el cómo ni el porqué, dónde estabas, qué había pasado. Las noches se me hacían interminables: ¿qué haría yo sin ti? Mi rutina quedaba destrozada por tu ausencia.  Y la alegría de encontrarte de nuevo, sin esperarlo, recompensaba con creces mi ansiedad nocturna.

No te olvido, ni te dejo abandonado a un azaroso destino.  Me despido de ti con cierta nostalgia del tiempo en común. Pero te confío a buenas manos: mi amiga Dolores, aunque tiene el carnet de conducir hace poco, es muy cuidadosa. Cuidará de ti como yo, o mejor. Es que me han ofrecido un Renault Megane a muy buen precio, lo entiendes ¿verdad?.

domingo, 9 de febrero de 2014

SEGUNDA PROPUESTA: SECUESTRADO

AUTORA: MARIAM VICENTE



           Amanece. El solitario parque mantiene húmedo el relente de la noche. Los árboles se mecen a merced de una suave brisa y la bruma los envuelve dando al ambiente un aspecto fantasmagórico. Los pájaros más madrugadores ya entonan sus cantos mientras revolotean sin cesar.
            Un corredor aparece a lo lejos dando zancadas sobre el arenoso camino que serpentea entre los arbustos de boj. Lleva auriculares en las orejas y mira repetidamente su reloj de pulsera. Un perro de raza indefinida y color canela trota a su lado.
            En esos momentos, en un claro del parque, un aleteo casi imperceptible mueve las hojas de los chopos. El primer rayo de sol arranca un destello brillante de una superficie lisa como un cristal y a la vez negra como el azabache.
            La singular pareja se acerca por el sendero. Al doblar un recodo, el animal se detiene y lanza un agudo ladrido. El hombre no lo oye, sigue llevando los cascos y mantiene su paso.
            A pocos metros, el objeto se mueve entre las sombras, tiene forma ovoide y levita a un metro del suelo, silenciosamente. En ese instante se oye un fuerte chirrido metálico, el perro vuelve a ladrar, el corredor levanta la vista, los pájaros enmudecen y las hojas de los árboles se mueven como agitadas por un vendaval.
            De pronto el remolino se calma. Las ramas vuelven a su baile suave al compás de la brisa, las aves vuelven a entonar su canto y el sol se alza en el cielo. Allá, entre las nubes, se adivina un centelleo. En el solitario sendero, el perro color canela aúlla como un lobo lastimero junto a unos auriculares y una zapatilla blanca.

PRIMERA PROPUESTA: LA VERDAD SOBRE EL CASO DEL COCHE DEL MINISTRO

AUTORA: MARIAM VICENTE



           Las nueve de la noche en casa de la familia Pérez. Mientras cenan, la sintonía del telediario inunda la estancia. Un poco de política internacional y economía, la ola de frío y luego el apartado de sucesos. El locutor pone énfasis en algo tremendo acaecido esa misma tarde, posiblemente un atentado terrorista o quizá una venganza del líder de la oposición, todas las hipótesis quedan abiertas para intentar explicar lo ocurrido al coche del ministro, que aparece en pantalla con los restos de una explosión reflejados en su chasis y el paragolpes trasero colgando.
            La madre sigue prestando atención a lo que queda en su plato, el padre dice que ese indeseable ya ha recibido lo que se merecía, y Dani se muerde el labio inferior.
            Aún recuerda la escena de unos días atrás. Misma hora, mismo menú y mismo locutor. Esa vez daba la noticia del nuevo vehículo que había adquirido el ministro de economía. Era primicia porque de dicho modelo sólo se habían fabricado diez y el que mostraban iba a ser el único que trajeran a España. Deportivo, rojo, flamante, y carísimo.
            La madre miró al plato, el padre dijo que siempre habría clases, y Dani se mordió el labio para no explotar, pero con la sangre hirviendo en las venas de sus dieciséis años y el convencimiento de que era una injusticia que su padre que trabajaba doce horas diarias sólo pudiera permitirse mantener a duras penas un coche que ya rondaba los veinte años y que llevaba el paragolpes sujeto con un alambre.
            Con estas ideas bullendo en su cabeza, al cabo de pocos días, mientras espera a un colega en una calleja solitaria de su barrio para ir a jugar un partido de fútbol, Dani ve aparecer el coche de la tele. Majestuoso se detiene delante de un hotelucho, impecable e imposible en medio de la realidad que le rodeaba. Mira a todos lados, esperando ver a continuación la retahíla de coches negros de escolta que siempre acompañan al dueño de ese coche, pero no es así. La calleja permanece en silencio en cuanto el rugido del vehículo enmudece. No obstante, del mismo se apean un chico joven, apenas mayor que él mismo, y una chavala de falda minúscula que besuquea sin cesar al mozo. Ríen, se cogen de la cintura como si no existiera nadie más en el mundo, y sin percatarse de la presencia del observador, se meten en el hotel.
            Dani duda entonces de que el coche sea el que ha visto en las noticias. Evidentemente, ese chico no es el ministro. Se acerca con cuidado, pero inmediatamente sale de dudas. El emblema que campa sobre el capó, el color rojo, los dos tubos de escape... Es él. Lo rodea dos veces, lo anhela y desprecia a partes iguales. En ese momento una media sonrisa surca su cara...
            Mientras el locutor vuelve a hacer alusión a unos posibles terroristas o a las diferencias políticas del momento, Dani ve nuevamente la calle solitaria, las piedras que depositó con cuidado obstruyendo los tubos de escape y la cuerda que ató al paragolpes trasero sujetándolo a la boca de incendios. El joven que salía del hotel al cabo de poco tiempo y se despedía de la chica con un beso de tornillo, y el acelerón con el que intentó salir zumbando. El motor echando humo, el paragolpes por tierra y la boca de incendios soltando agua como un surtidor improvisado. <<Mi padre me mata, mi padre me mata>>,  repetía el chico mientras se echaba las manos a la cabeza. Cinco segundos después salía corriendo para desaparecer por la siguiente esquina.
            Dani recuerda que aparecieron bomberos y policía, y a su amigo que en ese momento salía de casa.
            -¿Qué ha ocurrido? -preguntó éste asombrado al ver el despliegue.
            -No sé, un coche que ha empezado a arder -repuso él indiferente-.  ¿Vamos al partido?
            Y esta noche, termina su cena convencido de que el coche del ministro y el de su padre ahora mismo se parecen mucho.
           

jueves, 6 de febrero de 2014

BIENVENIDOS


Bienvenidos al mundo de las letras. Somos un grupo de amigos que disfrutamos escribiendo y aprendiendo. Colgaremos nuestros relatos semanalmente. ¿Os apetece leerlos? Aceptamos vuestros comentarios.